Roma, Italia, 13 de abril de 2011. Durante el 141º Período de Sesiones del Consejo de la FAO, José Graziano da Silva presentó su programa para la Organización. Graziano da Silva explicó los pilares en los cuales basa su candidatura y recordó su trayectoria dedicada a la agricultura, al desarrollo rural y a la seguridad alimentaria; su conocimiento de la FAO; y el éxito brasileño en el combate al hambre y a la pobreza.
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JOSÉ GRAZIANO DA SILVA Candidato de Brasil a Director General de la
EL PRÓXIMO DIRECTOR GENERAL DE LA FAO:
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José Graziano da Silva tiene una destacada trayectoria profesional vinculada a la seguridad alimentaría, la agricultura y el desarrollo rural, resaltando su importante contribución como Ministro Extraordinario de Seguridad Alimentaria y Combate al Hambre de Brasil, cartera responsable de implementar el programa Cero Hambre.
Tiene 61 años de edad, es licenciado en Agronomía y Master en Economía y Sociología Rural por la Universidad de San Pablo (USP), y Doctor en Ciencias Económicas por la Universidad Estatal de Campinas (UNICAMP). Además, realizó dos post doctorados, uno sobre Estudios Latinoamericanos en Universidad College of London y otro en Estudios Ambientales en la Universidad de California, Santa Cruz.
Desde el año 2006 ocupa el cargo de Subdirector General de la FAO y Representante Regional para América Latina y el Caribe.
Graziano da Silva es el candidato de Brasil, presentado por el Presidente Luiz Inacio Lula da Silva y la Presidenta Electa Dilma Rousseff, para ocupar el cargo de Director General de FAO.
Lucha contra el hambre
Desde 1977 Graziano da Silva se ha abocado a las temáticas vinculadas al desarrollo rural y la lucha contra el hambre en los ámbitos académico, político y sindical.
En el año 2001 coordina la elaboración del programa Cero Hambre y luego es nombrado, por el Presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, como Ministro Extraordinario de Seguridad Alimentaria y Combate al Hambre, asignándole la tarea de implementar dicho programa.
El Cero Hambre no tan sólo representa la principal prioridad del gobierno del Presidente Lula da Silva, sino que además significa una importante innovación en materia de políticas públicas dirigidas a combatir la extrema pobreza. Destaca su aproximación integral y sistémica, su apertura a la sociedad civil en la formulación de los programas, la asignación de los recursos y su control, y enfoque de género al privilegiar la entrega de recursos a las mujeres como una forma de empoderamiento y asegurar la mejor utilización de los subsidios en el hogar.
El Cero Hambre contribuye a que, en tan solo cinco años, cerca de 24 millones de personas superaran la pobreza y se redujera en un 25% la subnutrición en Brasil.
Su labor en FAO
En 2006 José Graziano da Silva asume como Representante Regional de FAO para América Latina y el Caribe y Subdirector General.
En ese cargo, Graziano promueve el fortalecimiento de la agricultura familiar y el desarrollo rural como medios fundamentales para fortalecer la seguridad alimentaria. Destaca su rol como impulsor de la Iniciativa América Latina y Caribe sin Hambre, trasformando a los países de la Región en los primeros a nivel mundial en asumir el compromiso de erradicar el hambre antes del 2025.
Adicionalmente, impulsa una sustantiva agenda vinculada a la problemática rural, abogando por el fortalecimiento de la institucionalidad del sector y por políticas públicas orientadas a un desarrollo integral e inclusivo en el campo, con énfasis en el tema de empleo rural. En esta línea destacan tres estudios hechos por la Oficina Regional de FAO: “Boom” Agrícola y Persistencia de la Pobreza Rural, La Institucionalidad Agropecuaria en América Latina, Estado Actual y Desafíos, y Políticas de mercado de trabajo y pobreza rural en América Latina.
Graziano promueve de forma activa el trabajo mancomunado con las otras agencias del Sistema de Naciones Unidas como CEPAL, PMA PNUD y OIT, y organismos internacionales como IICA, OIE, entre otros, e impulsa iniciativas de cooperación Sur-Sur.
Como Representante Regional, cumple también una activa labor en la materialización de la reforma interna de la FAO. Destaca el sustantivo avance en la descentralización del organismo, potenciando el rol de las instancias nacionales, otorgándole un mayor protagonismo de los gobiernos en la definición de prioridades. Igualmente importante resulta la apertura a la sociedad civil, involucrando a los diversos, actores políticos, sociales y gremiales, en el actuar del FAO en cada país.
Destacada vida académica
Graziano desarrolla una larga y exitosa vida académica entre los años 1978 y 2010, al desempeñarse como profesor titular de la Universidad Estatal de Campinas (UNICAMP) y dirigir el Programa de Maestría y Doctorado en Desarrollo Económico, Espacio y Medio Ambiente del Instituto de Economía de esa misma casa de estudios.
Como profesor, Graziano da Silva es reconocido por su valiosa contribución como formador de una generación de jóvenes profesionales latinoamericanos dedicados a la problemática de desarrollo rural y seguridad alimentaria.
Es el autor de importantes publicaciones vinculadas al desarrollo rural, seguridad alimentaría y economía agraria. Entre sus 25 libros, destacan O que é a questão agrária (Qué es la cuestión agraria) y De bóias frias a empregados rurais (De temporeros a empleados rurales).
Antecedentes personales
José Graziano da Silva nació en 1949, y posee nacionalidad brasileña e italiana. Está casado con la periodista Paola Ligasacchi, tiene dos hijos y dos nietos. Domina los idiomas inglés, español y portugués.
Entre las numerosas condecoraciones y premios que ha recibido destacan la Orden de Rio Branco otorgado por el Presidente de la República de Brasil, la Medalla Paulista al Mérito Científico y Tecnológico del Gobierno del Estado de Sao Paulo, y Premio de la Sociedad Brasilera de Economía, Administración y Sociología Rural (SOBER), entre otros.
Me siento orgulloso de haber sido indicado tanto por el ex-Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, como por la Presidenta Dilma Rousseff para ocupar el cargo de Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
En los últimos años, Brasil logró combinar altas tasas de crecimiento económico con significativa reducción de la desigualdad social. Al hacerlo, mostró ser posible que un país en desarrollo evolucione, al mismo tiempo, sus agriculturas tanto empresarial como familiar, por medio de la combinación de diferentes políticas, que permiten la rápida reducción del número de personas que sufren los efectos del hambre y de la mala nutrición y que reducen el impacto negativo del desarrollo sobre el medio ambiente.
Brasil figura, hoy, entre las mayores economías del mundo, al igual que otros países del BRIC – Rusia, India, China y África del Sur – y toma en serio sus responsabilidades internacionales. Actualmente es miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, un componente influyente del G-20 y participante activo del G-77. Brasil está, además, comprometido en misiones de conservación de la paz en varios países.
En la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO), Brasil desempeñó un papel positivo en la reforma del Comité de Seguridad Alimentaria, funcionando como “puente” entre las visiones de los países desarrollados y en desarrollo e incentivando la participación de la sociedad civil y de representantes de la agricultura familiar y del sector privado. También buscó compartir su experiencia en agricultura y seguridad alimentaria por medio de programas de cooperación técnica con países de África y de América Latina y Caribe.
Aunque no haya regla escrita, es tradición que los cargos de dirección de las agencias de las Naciones Unidas roten entre las regiones. Desde su fundación, se alternaron en la Dirección General de la FAO un norteamericano, dos europeos, un asiático, un árabe y un africano. América Latina y Caribe es, por tanto, la única región que no ha ofrecido un Director General a la FAO; además de eso, no hay, en la actualidad, ningún brasileño ocupando un puesto de alto nivel en las Naciones Unidas.
“El Dr. José Graziano da Silva, por su sólida formación académica – como economista y agrónomo – y por su experiencia política y profesional como Ministro de Estado y Director de la Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, tiene todas las credenciales necesarias para el cargo de Director General de la FAO.
Compartimos responsabilidades ministeriales durante el Gobierno de Lula, en el que Graziano se desempeñó como arquitecto de los programas brasileños de lucha contra el hambre. Conozco personalmente su trabajo y, por eso, doy todo el apoyo de mi Gobierno a su campaña por la dirección de la FAO.”
Dilma Rousseff
Presidente de Brasil
Como brasileño, con formación en agronomía y economía, contribuí para los importantes avances ocurridos en Brasil en los últimos años. Durante mi larga vida profesional, tanto como académico como Ministro de Estado, estuve siempre comprometido en actividades relacionadas a la producción agrícola, al desarrollo rural y a la seguridad alimentaria, que están alineadas con el mandato de la FAO. Debo confesar que, casi todos los días de mi vida, estuve reflexionando sobre soluciones para el problema del hambre, los desafíos de la agricultura familiar y las duras condiciones que tienen que enfrentar las mujeres que trabajan en las zonas rurales.
Estuve al frente del equipo que diseñó la Iniciativa “Cero Hambre” de Brasil, que fue lanzada por el Presidente Lula como pieza central de su programa de Gobierno inicial, en 2003. En la época, fui designado por el Presidente como el primer Ministro de Estado para la Seguridad Alimentaria, teniendo que enfrentar el enorme desafío de crear un Ministerio totalmente nuevo e implementar un programa bastante ambicioso, que debía llegar a los rincones más remotos de un territorio extenso como el de Brasil, con un presupuesto dos veces mayor que el de la FAO.
Estoy orgulloso de que la Iniciativa “Cero Hambre” sea hoy reconocida como una de las estrategias más exitosas de lucha contra el hambre en todo el mundo y, también, de que sea vista por la FAO y muchos de sus países miembros como un ejemplo a ser replicado. “Cero Hambre” continua bajo el liderazgo de la Presidenta Dilma Rousseff e inspiró otros programas que fueron implementados en Brasil, en los últimos años, para promover el desarrollo económico y social del País.
En los últimos 25 años, enseñé en universidades, trabajé con organizaciones de agricultores y actué como consejero del ex-Presidente Lula desde cuando el aún era líder sindical hasta su elección en 2002. Una de las lecciones que aprendí fue la vital importancia de la construcción del consenso, para que se pueda estructurar la acción a partir de una base sólida, de una agenda consensualmente acordada.
Fui nombrado Representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe en 2006. En el desempeño de mi función internacional, participé activamente para fortalecer temas como agricultura familiar y seguridad alimentaria en la agenda regional. Amplié mis conocimientos sobre el estado de la agricultura y de la alimentación en los países miembros de la FAO, principalmente aquellos en desarrollo.
Me comprometí en alianzas fructíferas con otras agencias de Naciones Unidas, bancos de desarrollo y organizaciones regionales, trabajando siempre en conjunto con las comisiones económicas regionales de Naciones Unidas. También desarrolle lazos con muchos Gobiernos y asociaciones de donantes, parlamentos y organizaciones de la sociedad civil en la búsqueda de realizaciones conjuntas.
Soy el único candidato que posee experiencia gerencial dentro de la Organización. Este hecho, asociado al de haber impulsado la reforma de la FAO, son datos particularmente importantes, debido a que el Director General deberá desempeñarse en sus funciones por 42 meses, período en el cual los países miembros querrán que el largo proceso de reforma por el cual pasa la Organización sea concluido a buen término.
Cuando hablo de agricultura, seguridad alimentaria o desarrollo económico en países en desarrollo, lo hago a partir de mi experiencia en la materia.
José Graziano da Silva
Abril de 2011
La propuesta de crear la FAO surgió después del final de la II Guerra Mundial. Los fundadores de la FAO estaban conscientes de la estrecha relación entre la pobreza, tan visible durante la Gran Depresión de los años 30, y el conflicto. De esa forma consideraban que, “Erradicar el hambre y la pobreza es esencial para la paz duradera, pues implica también erradicar las tensiones originadas por los desequilibrios económicos, por la insatisfacción, por la sensación de injusticia, que son tan peligrosos para la moderna comunidad de naciones.”
Esta justificativa para la necesidad de una organización intergubernamental fuerte y efectiva para promover y guiar el desarrollo de la agricultura y de los sistemas globales de manejo de la alimentación para el mejor interés de la humanidad es tan válida hoy como lo fue en 1945. Las actuales alzas de los precios de los alimentos y de la energía combinadas con la lentitud con que los países se van recuperando de la mayor crisis financiera y económica desde los años 30, nos hacen recordar el papel crítico que la comida desempeña en el funcionamiento de la economía global y cuan vulnerables son los más pobres cuando las cosas van mal.
En sus 65 años de funcionamiento, la FAO considera haber contribuido para un crecimiento significativo de la producción de alimentos. La disponibilidad de alimentos per capita creció 40%. Se produce hoy comida suficiente para suplir las necesidades de una población que creció, en los últimos 65 años, de 2.5 para casi 7 billones.
Sin embargo, esta exitosa expansión de la producción agrícola no fue suficiente para erradicar el hambre. De cada 7 personas en el mundo, 1 (lo que representa casi 1 billón de personas) enfrenta el hambre todos los días de su vida, y otros 3 billones son afectados por la desnutrición, incluyendo aquella causada por el exceso del consumo de alimentos. En otras palabras, más de la mitad de la población mundial sufre los efectos de no comer adecuadamente. Las personas pasan hambre, no tanto por la falta de alimentos, sino principalmente por no tener condiciones de acceso a una alimentación saludable que les permita una vida productiva.
El extraordinario crecimiento de la producción agrícola también genera una gran presión sobre los recursos naturales. La agricultura pasó a disputar espacio con ecosistemas frágiles, causando daños a los suelos y amenazando la biodiversidad; los recursos hídricos son explotados de manera inadecuada; la agricultura y la ganadería intensivas contribuyen, en gran medida, para el calentamiento global; y los recursos pesqueros son mal utilizados. Por otra parte, muchas familias que sobreviven de la agricultura, de la pesca o de los recursos de la floresta pasan hambre y privaciones.
Al mismo tiempo, el rápido proceso de globalización y la revolución en la información, ciencia y tecnología cambiaron definitivamente la forma de relacionarse entre los países y la velocidad con que la información y el conocimiento pueden ser adquiridos y utilizados para el bien común. Pero también se ampliaron muchos de los riesgos a las que están expuestas las reservas mundiales de alimentos. Las epidemias de enfermedades y pestes se volvieron más agresivas; la seguridad de los alimentos, antes una preocupación local, asume dimensión global; y la creciente integración de los mercados significa que las decisiones sobre inversiones tomadas en los grandes centros financieros han impacto sobre la seguridad alimentaria de millones de hombres, mujeres y niños en todo el mundo. Esa interdependencia es especialmente cierta en los procesos de cambio climático inducidos por la acción humana, en que el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero en países que consumen grandes cantidades de energía tienden a cambiar las condiciones en que se cultivan los alimentos, por las frecuentes ocurrencias de eventos climáticos extraordinarios.
La FAO, como principal foro internacional de discusión de asuntos relacionados a la producción y uso mundial de alimentos, tiene que responder a este tipo de situación, estructurando las políticas de manejo de los sistemas mundiales de alimentos, para que las personas tengan una alimentación adecuada. Esa es una gran responsabilidad, teniendo en cuenta que las decisiones tomadas – o no tomadas – por la Organización afectan la vida de personas en el mundo entero, los productores y consumidores de alimentos, y de las futuras generaciones. Es fundamental que los Estados miembros de la FAO doten la organización con la autoridad y la capacidad de actuar de forma efectiva, cumpliendo esa gran responsabilidad que le fue atribuida.
“Los Estados Partes de la presente Convención, reconociendo el derecho fundamental de toda persona a no padecer hambre, deberán tomar, individualmente y mediante la cooperación
internacional, las medidas necesarias, incluyendo programas específicos
(a) para mejorar los métodos de producción, conservación y distribución de alimentos, haciendo pleno uso del conocimiento técnico y científico, difundiendo la información sobre los principios
de la nutrición, y desarrollando o reformando los sistemas agrarios con el fin de obtener el mejor desarrollo y utilización de los recursos naturales;
(b) para tener en cuenta tanto los problemas de los países importadores
como exportadores de alimentos, para garantizar una distribución
equitativa de la reserva mundial de alimentos en relación a la demanda.”
Convención Internacional sobre Derechos Económicos,Sociales y Culturales.
Artículo 11, párrafo 2.
“Las Naciones que firman esta Constitución, determinadas a promover el bien común por medio de sus acciones individuales y conjuntas en el sentido de:
Elevar los niveles de nutrición y las condiciones de vida de los pueblos bajo sus respectivas jurisdicciones;
Asegurar una mejor eficiencia de la producción y distribución de todos los productos alimentarios y agrícolas;
Mejorar las condiciones de vida de las poblaciones rurales;
y así contribuir para el crecimiento de la economía mundial y para librar la humanidad del hambre;
Por medio de ésta crean la Organización de las Naciones unidas para la Agricultura y Alimentación, a partir de ahora llamada la “Organización”, medio por el cual los Miembros informarán unos a los otros sobre las medidas tomadas y el progreso obtenido en las áreas anteriormente mencionadas.”
Preámbulo de la Constitución de la FAO
“Las Naciones Unidas son una expresión de nuestra voluntad de encontrar una síntesis entre la nación y el mundo… Es un intento de dotarnos con un marco en el cual sea posible servir al mundo sirviendo a nuestra nación, y servir a nuestra nación sirviendo al mundo. Cualquiera que sea la dificultad de este experimento de organización mundial, le da un sentido de dirección y acción de todos los hombres que están esforzándose por un mundo mejor.”
Dag Hammarskjöld
Secretario General de las Naciones Unidas (1953-1961)
En mi opinión, el próximo Director General de la FAO necesita enfocar su atención y sus energías en cinco principales líneas de acción o pilares. Los tres primeros pilares están relacionados con los grandes desafíos que la Organización tiene que enfrentar y los otros dos, en mejorar su capacidad para hacer frente a esos desafíos.
Pilar 1 – Erradicación del Hambre
El éxito de la FAO – y de su Director General – será juzgado, en última instancia, por la velocidad con que se reduzca el número de personas con hambre en el mundo. Como se reconoce en las Directrices Voluntarias en Apoyo a la Realización Progresiva del Derecho a la Alimentación, es esencialmente absurdo que cualquier persona pase hambre, cuando los medios para evitar eso están disponibles. La persistencia del hambre y de la desnutrición en gran escala indica que la FAO no está cumpliendo sus funciones más básicas.
La Organización ahora necesita ejercer un mayor liderazgo en el esfuerzo global para la erradicación del hambre, pensando más allá del primer Objetivo de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad, hasta 2015, el número de personas que pasan hambre en el mundo. Muchos países no lograrán alcanzar esa meta, que es esencial para el cumplimiento de todos los ODMs. Estoy convencido, sin embargo, con base en mi experiencia en Brasil y en la de otros países, que erradicar el hambre es una meta razonable y alcanzable. Si se encamina adecuadamente, la erradicación del hambre es totalmente compatible con el desarrollo económico, con el manejo sostenible de los recursos naturales y con la búsqueda de la paz. Como vimos en Brasil, programas bien diseñados para la erradicación del hambre no solo mejoran los estándares de nutrición (especialmente de los niños), sino que también permiten una rápida reducción en el número de personas que sufren los efectos de la pobreza, contribuyen para la mejoría de las condiciones de vida de las mujeres (que tienen gran sentido de responsabilidad en relación a la salud de sus hijos) y abren nuevas oportunidades de mercado, principalmente para agricultores familiares.
Con el apoyo de los Estados miembros de la FAO, buscaré involucrar todas las naciones en un compromiso voluntario para erradicar el hambre en un plazo humanamente posible y trabajaré con todos los Gobiernos y organizaciones interesados en diseñar e implementar programas nacionales efectivos.
Pilar 2 – Producción y Consumo Sostenible de Alimentos
La FAO tiene un papel importante que desempeñar en la promoción de un cambio para un equilibrio nuevo y sostenible entre la producción y el consumo de alimentos.
En relación a la producción, es necesario identificar, promover e invertir en la difusión de métodos de producción agrícola y pesquero verdaderamente sostenibles y altamente productivos, que puedan atender a la creciente demanda por alimentos al mismo tiempo que preservan recursos naturales vitales y escasos (tierra, agua potable, biodiversidad, incluso la de los bosques y de los océanos, y recursos pesqueros) y mejoran las condiciones de vida de las personas que viven en las zonas rurales y costeras, haciéndolos menos vulnerables al cambio climático o desastres naturales. La producción de alimentos tendrá que desempeñar un papel importante en la mitigación del cambio climático, proceso que amenaza la vida de familias de agricultores y pescadores en diversas partes del mundo. Afortunadamente, hay buenas prácticas a ser seguidas, que muestran que es posible aumentar las cosechas, al mismo tiempo que se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero y que elevan los niveles de ingresos. Recuerdo, en ese sentido, el reciente lanzamiento por el Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional -CGIAR- de la Comisión para la Agricultura Sostenible y cambio Climático.
La tarea de satisfacer la futura demanda por alimentos de forma ambientalmente sostenible será ejecutada más fácilmente a medida que se puedan acelerar las tendencias de menores tasas de natalidad y que los hábitos de consumo puedan ser influenciados con el objetivo de disminuir el desperdicio y los excesos.
Pilar 3 – Mayor Equilibrio en la Gestión de los Sistemas Alimentarios
Hay varios temas de alta prioridad que la FAO, en colaboración con el Comité de Seguridad Alimentaria, tendrá que avanzar, con urgencia, en los próximos años. Entre ellos, ser el catalizador en la creación de un sistema verdaderamente efectivo de gobernanza global en seguridad alimentaria y nutricional, capaz de reducir el impacto de futuras crisis de abastecimiento, de mitigar los efectos y conducir a un proceso de adaptación al cambio climático, de dirigir asuntos relacionados a la seguridad de los alimentos, género, empleo rural y uso sostenible de los recursos naturales, especialmente agua potable, tierra, bosques y océanos.
La FAO debe actuar de forma decisiva en pro del interés público, creando un marco normativo e institucional que proteja a los productores y consumidores de amenazas a la calidad y disponibilidad de la oferta de alimentos, así como que sea capaz de apoyar los esfuerzos nacionales para erradicar el hambre. Los enormes beneficios de la globalización de los sistemas de administración de los alimentos han de estar en sintonía con las respectivas garantías para la reducción de riesgos, incluyendo aquellos asociados a epidemias de pestes y enfermedades y otras amenazas a la seguridad de los alimentos. También son necesarias garantías para asegurar la preservación de los recursos naturales, incluyendo bosques y zonas de pesca, así como controlar la volatilidad de los precios que tienen impacto sobre las vidas de los más pobres y debilita la disposición de los agricultores en expandir su producción.
En comparación con otras actividades humanas, la agricultura presenta una característica particular: está expuesta a múltiples riesgos, muchos de los cuales no pueden predecirse fácilmente. Una de las funciones de la FAO debe ser la de fortalecer su capacidad de anticipar y responder pronta y eficazmente los temas emergentes, por medio de la mejora de los sistemas de información y de alerta anticipada y de su capacidad de asegurar que la reacción se dará en el debido tiempo para proteger las poblaciones potencialmente afectadas.
Pilar 4 – Concluir el Proceso de Reforma de la FAO
Con el fin de atender a las justas expectativas de los Estados miembros de mayor eficiencia y efectividad de su acción, así como la de asegurar que sus energías estén totalmente enfocadas en los desafíos mencionados anteriormente, la FAO debe concluir el proceso de reforma actualmente en progreso de forma satisfactoria y en tiempo hábil. Así, podrá concentrarse en producir resultados en aquellas que son sus actividades objetivos. Trabajemos, pues, en conjunto para que el 2012 sea el año de las decisiones finales en términos de la reforma y que ésta se concluya con una real descentralización de la Organización.
Como candidato interno, tengo ventajas comparativas en el desafío de conducir la reforma a una conclusión exitosa. Estando al frente de una de las Oficinas Regionales de la FAO desde 2006, fui afirmativo en mi apoyo a la verdadera descentralización, delegación de autoridad, mayor transparencia y responsabilidad dentro de la Organización, de modo que es natural que esté comprometido con los principios fundamentales de la reforma de la Organización. También pretendo alejarme del estilo jerárquico de administrar, prefiriendo un enfoque más participativo.
Pilar 5 – Ampliar las Alianzas y la Cooperación Sur-Sur
Abordar el problema del hambre, los temas de sostenibilidad de los recursos y asegurar un mayor equilibrio en el manejo de los sistemas alimentarios no son tareas que la FAO pueda cumplir sola. Por lo tanto, es fundamental que se consoliden las alianzas existentes con las otras Agencias de Roma – PMA, FIDA y “Bioversity International”, y que se profundice la cooperación con otros miembros del Grupo de Trabajo de Alto Nivel del Secretario General de las Naciones Unidas (HLTF) y de la sociedad civil, incluidos los movimientos sociales. La FAO debe dar su apoyo firme al Comité de Seguridad Alimentaria reformado, para que este se convierta, efectivamente, la plataforma líder en la coordinación e integración de políticas. El Marco integral para Acción Actualizado (UCFA) propuesto por el Grupo de Trabajo de Alto Nivel es un buen comienzo para la adopción de un enfoque más holístico para la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, especialmente el MDG1, y debe estar en línea con el Marco Estratégico Global para la Seguridad Alimentaria del CFS, aún en fase de elaboración.
Algunos países en desarrollo han tenido éxito en expandir la producción de alimentos, preservar los recursos naturales y combatir el hambre, incluso en tiempos difíciles. Estas son experiencias valiosas para compartir con otros que quieren seguir su ejemplo. Gran parte de los recientes avances en la agricultura tropical se produjeron en el mundo en desarrollo.
Quisiera ver la FAO animando sus Estados miembros a desempeñar un papel más activo en la consecución de su misión, no solo como donadores de recursos, sino como proveedores de cooperación técnica de alto nivel. Ampliar la cooperación Sur-Sur, incluso los preparativos trilaterales en los que un país provee cooperación técnica y otros recursos financieros, puede ayudar a mitigar el impacto de eventuales restricciones presupuestales a las cuales las actividades de cooperación de la organización hayan de ser sometidas.
Beneficios del Enfoque de los 5 Pilares
El éxito de la FAO y de sus miembros y aliados en la consecución de los tres primeros pilares traerá grandes beneficios para todas las naciones y sus ciudadanos. El impacto inmediato de reducir el hambre será la disminución del sufrimiento humano y del número de muertes innecesariamente prematuras. Las mejoras en los niveles de nutrición y salud resultaron en tasas más altas de crecimiento económico donde es más necesario – en los países y en las comunidades más pobres. Y que, además, podrá ayudar a disminuir tensiones y percepciones de injusticia que son el detonante de la inestabilidad y los conflictos que llevan a las personas, inclusive, a dejar sus hogares en busca de mejores condiciones de vida.
Una advertencia en el sentido de una mayor sostenibilidad en la producción, distribución y consumo de alimentos no solo retirará mucha de la presión hoy existente sobre los recursos naturales, sino que permitirá que estemos aptos a proveer las futuras generaciones con los alimentos que necesitarán para una alimentación adecuada. Como las recientes crisis demostraron, estamos peligrosamente expuestos al riesgo de que movimientos habidos en solo una parte del mundo afecten las vidas de millones de personas en el mundo entero.
La Organización puede partir de su larga y fructífera historia de catalizador de cooperación entre países desarrollados y en desarrollo para cumplir su misión de promover el desarrollo agrícola y rural destinado a la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza. Los esfuerzos de la FAO deben continuar para involucrar a todos los países, pero debe centrarse, en particular, en el apoyo a aquellos en desarrollo o en transición para avanzar, en todos los aspectos, en el desarrollo de la agricultura, en el manejo de los bosques y de la pesca, y en la lucha contra el hambre. Se debe prestar especial atención a los países con menos recursos y más vulnerables, con enfoque particular en los Países de Bajos Ingresos Importadores Verificados de Alimentos (LIDFC) y Estados Insulares en Desarrollo (SIDS).
La FAO está bien amparada por su mandato y equipada con un personal capacitado para dirigir, desde una perspectiva multidisciplinar, los grandes retos relacionados con la agricultura y alimentación que el mundo enfrenta en la actualidad. Sin embargo, puede mejorar en gran medida el resultado de su trabajo para fortalecer los lazos con sus aliados que tienen mandatos y capacidades complementarios y profundizar su relación con la sociedad civil.
El próximo Director General de la FAO heredará una organización que ya se ha comprometido con la implementación del Plan de Mediano Plazo (PMP) aprobado por los Estados miembros, que abarca el período 2010-2013. Si soy elegido para el cargo, me esforzaré para implementar exitosamente el PMP y lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Al hacerlo, pretendo iniciar amplias consultas sobre como la FAO, sus miembros, sus aliados y su Secretaría puede, en el futuro, dirigir de forma más efectiva los tres grandes desafíos de erradicar el hambre, de alcanzar formas verdaderamente sostenibles de producción de alimentos y de administrar los sistemas de alimentos mundiales de manera responsable. Los resultados de estas consultas – cuyos puntos de partida son el Marco Estratégico de la FAO para el período 2010-2019 y el sistema de gestión basado en resultados adoptado por la Organización – deberán reflejarse en el Programa de Trabajo y Presupuesto 2014-15.
Mientras ese proceso de consultas esté en marcha, concentraré mis esfuerzos en la implementación integral del proceso de reforma, así como en otras medidas necesarias para mejorar el rendimiento de la Organización en la ejecución del programa aprobado, especialmente de los siguientes objetivos y acciones:
1. Fortalecer la capacidad tanto técnica como de acción de la FAO para que pueda cumplir con su misión de promover la agricultura, la pesca, el manejo de bosques y el desarrollo rural sostenibles, con enfoque especial en la seguridad alimentaria y nutricional para todos, ahora y en el futuro, en línea con las estratégicas definidas en el Marco Integral para la Acción Actualizado y siguiendo las recomendaciones de otros estudios recientes sobre el futuro de la agricultura, de la seguridad alimentaria y de la nutrición;
2. Fortalecer la capacidad de obtener resultados de la FAO en las áreas en que su mandato se relaciona con la producción de normas, estándares y regulaciones (inclusive los tratados internacionales, códigos de conducta, y directrices voluntarias), estadísticas y difusión del conocimiento;
3. Profundizar las alianzas con los países miembros a partir de la mejora de la calidad de la cooperación técnica para el diseño e implementación de políticas y estrategias nacionales;
4. Aprender de las experiencias nacionales y regionales exitosas, así como evaluar su potencial para ser adaptadas a nuevos contextos, y mejorar la capacidad de la organización para promover la cooperación Sur-Sur;
5. Dar prioridad al apoyo a agricultores familiares, así como a los grupos más vulnerables, inclusive a las mujeres y a los jóvenes, con la perspectiva de que ellos desempeñarán un papel fundamental en las estratégicas para reducir el hambre y la pobreza y en el manejo responsable de los recursos naturales;
6. Aprovechar el potencial de aliados de cooperación, incluyendo financiera, emergentes, al tiempo que se refuerzan las relaciones con aliados tradicionales;
7. Comprometerse plenamente en una alianza más consistente con las otras Agencias de Roma (PMA, FIDA y “Bioversity International”), con la HLTF y con la sociedad civil, tanto en lo que se refiere al trabajo del Comité de Seguridad Alimentaria, como en lo que atañe al desarrollo de programas conjuntos y a la implementación de proyectos de asistencia humanitaria y de desarrollo;
8. Caminar progresivamente en dirección a un Sistema más integrado de las Naciones Unidas lo que llevará a una respuesta cada vez más consistente, completa y efectiva a las necesidades de los Estados miembros y a una capacidad mejorada de dirigir temas que son preocupación de todos.
Principales Acciones:
1. Incentivar la emergencia de un sentido de responsabilidad conjunta en todos os Estados miembros de la FAO;
2. Concluir la implementación de las reformas acordadas de la FAO, con el fin de permitir que la Organización cumpla su misión y produzca mejores resultados en el terreno;
3. Aumentar el dinamismo de la FAO, especialmente mediante el fortalecimiento de su capacidad de abordar temas de forma interdisciplinaria; y mejorar su capacidad de respuesta a las necesidades de los Estados miembros y a las decisiones de los Órganos Rectores;
4. Reforzar la transparencia en los procedimientos, implementación, toma de decisiones, transmisión de la información, evaluación y prestación de cuentas en toda la organización: Asegurar que todo el reclutamiento de personal se dé según procesos selectivos rigorosos;
5. Adoptar un estilo de gestión más participativo, colegiado, e inclusive descentralizado, que incluya mayor delegación de autoridad;
6. Preservar y reconstruir la capacidad de los recursos humanos de la Organización, siempre enfatizando profesionalismo y el mérito;
7. Trabajar para aumentar los niveles de conciencia y de comprensión públicas de los grandes desafíos relacionados con la agricultura y alimentación que la humanidad enfrenta en la actualidad, con el fin de incentivar el compromiso político, componente indispensable para el enfrentamiento por los Gobiernos y por la sociedad civil de temas como la erradicación del hambre y de la pobreza extrema y el manejo sostenible de los recursos naturales.
“Sigamos adelante en nuestro compromiso conjunto de traer nuevo aire y nueva energía para la Organización, para que ésta pueda cumplir el papel a ella reservado en el nuevo gobernanza global para la seguridad alimentaria y nutricional, con el fin de convertirse en un vector de la creación de sistemas verdaderamente sostenibles de producción, capaces de preservar los recursos naturales, al mismo tiempo que aseguran la provisión de alimentos para todos. Ese es el camino que la FAO tiene que andar para transformar su lema “Fiat Panis” en realidad.”
José Graziano da Silva
Abril de 2011
“No seré capaz de hacer nada que no podamos hacer juntos”
Tancredo Neves
Del discurso que debió haber sido pronunciado en 1985, por ocasión de su posesión como
primer Presidente electo de Brasil, después de la dictadura. Desafortunadamente, Tancredo
Neves murió antes de asumir el cargo.


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